martes, 26 de febrero de 2019

¿HACIA DÓNDE GUIAR A NUESTROS HIJOS?


 

       



    Existen tres valores clave para poder guiar y orientar adecuadamente a nuestros hijos a la hora de tomar decisiones. Son valores que están disponibles para todos, aunque suele pasar que por desuso, acaban ocultos en lo profundo de nuestro ser dando la sensación de que no estuvieran ahí,  al alcance de nuestra mano, de forma que acabamos funcionando en automático e ignorando esos valores que se quieren hacer presentes en nuestra vida para llevarnos hacia esa vida gozosa que añoramos. Nos pasa a todos alguna vez cuando nos dejamos llevar por la lógica y la razón, y no le damos importancia a nuestro sentir, pero si realmente lo que buscamos es nuestra felicidad y la de nuestros hijos, necesitamos recuperar ese mapa del tesoro que será nuestra guía a lo largo del camino.


    Seguramente hayas conocido o hayas vivido algún caso parecido a los siguientes ejemplos:


          - Hijo, si no sabes qué estudiar, estudia para ser notario, así tendrás unos buenos ingresos.
            O, quizás, podrías ser abogado como tu padre.

          - Cariño, para cuando termines tus estudios podrás incorporarte a la empresa familiar. 
            Tu padre y yo estaremos encantados de que nos releves y seas el nuevo gerente.

          - ¡¿Cómo que quieres ser pintora?! Déjate de tonterías y dedícate a algo serio.

       - ¿Bailarina dices? Primero estudia y sácate la carrera. Cuando tengas un trabajo como Dios manda, ya llegará el momento de divertirte. 

          - Hija, si quieres llegar lejos en esta vida, primero hay que trabajar duro. 

     

    Y así, muchos casos más...

    
    Pero, ¿que pasaría si en vez de depositar nuestra confianza en lo externo: la economía, el trabajo, los amigos, la familia, etc, depositáramos nuestra confianza en la fuerza del Amor con mayúscula? A la hora de educar a los niños siempre conviene recordar que no caminamos sólos a lo largo de nuestra vida y que siempre estamos siendo guiados por algo mucho más grande que nosotros. Cada uno lleva las respuestas en su interior y sólo uno mismo, desde la quietud, el silencio y la paz puede descubrir la verdad que lleva dentro y hacia dónde le guía el corazón. Por tanto, aunque como padres queramos lo mejor para nuestros hijos y a veces estemos casi seguros de lo que más les conviene, démosles la oportunidad de honrar su verdad, de tomar sus propias decisiones siempre y cuando su vida o la de los demás no vayan a correr un peligro. Confiemos en la sabiduría interior que cada niño lleva dentro, demostrémosles nuestra confianza absoluta en ellos, para que cuando sean adultos puedan sentirse más seguros de sí mismos; permitámosles equivocarse si es necesario, cometer errores, sin reprocharles nada. Y, sobretodo, enseñemos a los niños a escuchar su corazón y sus sentimientos, pues es ahí donde encontrarán las llaves y valores que les guiaran por el "buen camino" que les permita tener una vida plena.


    No hemos de olvidar que la educación comienza en la familia, desde la más temprana edad. Sin darnos cuenta estamos enseñando a nuestros hijos todo el tiempo, incluso aun estando en silencio y sin decir nada. Ellos nos observan todo el tiempo y aprenden de nuestra actitud ante la vida: cómo hablamos, cómo somos, qué opinamos o qué creencias tenemos y cómo reaccionamos ante cada situación. Recuerda que los niños no aprenden tanto de lo que les dices que hagan, sino más bien por imitación, por eso es muy importante saber darles ejemplo. Por tanto, como adultos ¿qué creencias son las que hemos asumido como una verdad? porque en función de esas creencias es como nosotros nos comportamos y vivimos, y son también esas creencias las que estarán influyendo en la educación de nuestros hijos. Si para nosotros la vida es lucha, sacrificio y sufrimiento, eso mismo es lo que les vamos a transmitir a nuestros hijos, aun sin darnos cuenta. Es de vital importancia, autoanalizarnos y descubrir qué creencias hemos heredado inconscientemente de nuestros padres y antepasados, y cuáles son las nuestras propias. Necesitamos preguntarnos ¿realmente esto es lo que yo creo, o simplemente me lo creí porque es lo que me dijeron o enseñaron? Lo más importante es saber que, como padres o educadores, podemos cambiar nuestra manera de pensar y concebir la vida, para así poder transmitirles a los más pequeños una visión más satisfactoria y positiva de ésta.


    La ciencia está avanzando cada vez más y haciendo grandes descubrimientos. La neurociencia ya ha demostrado, a través de sus estudios e investigaciones, el gran poder de nuestra mente y cómo nuestros pensamientos, conscientes y especialmente los inconscientes, influyen en nuestro estado emocional, en nuestra actitud ante la vida y en los fracasos o éxitos que cada uno experimenta. Creamos nuestra realidad con cada pensamiento que tenemos y con cada creencia que adoptamos como propia. El poder de nuestra mente es mucho mayor de lo que podemos darnos cuenta, a penas hemos descubierto una pequeña parte de todo el potencial de nuestro cerebro. No obstante, tenemos la oportunidad de aprovechar todo lo que sabemos hasta ahora sobre el funcionamiento y la influencia de nuestra mente en nuestra existencia terrenal, empezando por cambiar nuestra forma de pensar, de hablar y de concebir la vida. Algunos ejemplos de pensamiento positivo que nos ayudan y nos fortalecen son los siguientes:


          - Me merezco ser feliz y me doy permiso para serlo.

          - Yo puedo lograr todo lo que me proponga.

          - La vida es mágica y maravillosa.

          - Los problemas, no son problemas, sino oportunidades para cambiar, aprender y crecer.

          - La vida, Dios y el Universo, siempre me apoyan y desean lo mejor para mi.


  Si finalmente, optamos por tener pensamientos empoderadores como estos, al repetírnoslos una y otra vez a nosotros mismos, empezaran a cambiar nuestra realidad cotidiana. A ti, padre, madre, abuela o abuelo, tía, tío, educador, educadora, o cualquier rol que desempeñes con respecto a los niños, hoy te recuerdo que la mejor herencia que podemos darle a las nuevas generaciones es una ACTITUD MENTAL POSITIVA, acostumbrándoles desde el primer momento a ver el vaso medio lleno y no medio vacío, sin dejar de tener los pies en la tierra, es decir, siendo conscientes de su realidad, del aquí y el ahora. Volvamos entonces la mirada hacia el interior y hagamos una revisión benevolente de nuestro pasado para no cargar con equipajes pesados que nos impiden caminar ligeros. Hagamos una limpieza mental para quedarnos sólo con aquellos pensamientos positivos y amorosos que nos sirven, y desechemos el resto a la basura para hacer espacio a los nuevos pensamientos.

    Partiendo de la idea de que nuestros pensamientos crean nuestra vida y nuestra realidad ¿qué les enseñaremos entonces a los niños? ¿que este es un mundo hostil y peligroso donde se encontrarán con enemigos? ¿que les tocará sufrir, sacrificarse y trabajar muy duro para poder subsistir? ¿o les ayudaremos a ver que su primera misión en la vida es ser feliz y que divertirse es tan importante como trabajar? Tenemos en nuestras manos poder transmitirles un sentimiento de paz, confianza y seguridad desde que llegan al mundo, mostrándoles con nuestro ejemplo que la vida puede ser gozosa y divertida, que pueden ser aquello que quieran ser y que tienen libertad para tomar sus propias decisiones en la medida en que van creciendo y siendo cada vez más autónomos e independientes. Podemos escoger  enseñarles que la vida les apoyará siempre en sus sueños para que puedan alcanzarlos. Partiendo de esta actitud de confianza, fe y optimismo ante la vida, nos resultará más fácil guiar a nuestros hijos, impulsándolos a ser cada vez más valientes y transmitiéndoles ese sentimiento de tranquilidad ante la vida, para que sepan que aunque alguna vez tomen la decisión "equivocada", pueden aprender y seguir adelante. De hecho, los niños necesitan equivocarse y cometer errores para poder crecer y madurar y para confiar cada vez más en sí mismos.

    Así que, cada vez que tu hijo tenga que tomar una decisión importante, anímale a escuchar su corazón en silencio y a dejarse guiar por  tres valores  principales que estarán siempre en su interior esperando a ser reconocidos para mostrarle el camino. Estos tres valores son: la paz, el amor y la alegría. A lo hora de elegir qué camino tomar, estos pueden ser los tres indicadores que nos mostrarán con luz verde por dónde sí avanzar y por dónde no. Anima a tu hijo a que descubra qué le trae más paz y cuál camino le hará sentir mejor a corto y a largo plazo. Después, que observe qué tanta alegría siente por ese camino escogido y que piense si hay alguno que le entusiasme o le motive más. Y, por último, aunque no por ello menos importante, que escuche su corazón en todo momento y se deje guiar por la intuición y el amor que siente hacia cada persona, situación o cosa. De esta manera podrá reconocer de una manera más sencilla qué es lo que más le conviene en cada momento. Como padres, siempre podemos estar ahí para escucharlos, para darles nuestra opinión o consejo, sobretodo si nos la piden, pero al final es bueno que los animemos a tomar sus propias decisiones, hasta con las cosas más pequeñas y sencillas, como puede ser elegir el color de su ropa, o qué actividad extraescolar les gusta más, para que puedan ir forjando su propia personalidad y el día de mañana sean adultos seguros y autónomos y no dependan de nosotros. Para que cuando llegue el momento, y necesiten tomar riesgos, se atrevan a seguir caminando adelante, a superar los retos que encuentren en el camino,  a salir de su zona de confort y superar el desafío que la vida les presente para que puedan crecer y convertirse en una mejor versión de sí mismos. Y, sobretodo, cada vez que tu hijo no sepa qué hacer cuando se encuentre ante una decisión importante, recuérdale que se haga la siguiente pregunta: ¿si no tuviera miedo, qué haría?

                                    



                                                                                                                                         Neftalí Mercier 





        

viernes, 5 de octubre de 2018

¿CÓMO AUMENTAR LA CREATIVIDAD EN LOS NIÑOS?

     

¿Alguna vez te has parado a pensar lo importante que es la creatividad? ¿Te gustaría saber de qué manera ayudar a tus hijos y ayudarte a ti mismo a desarrollar vuestra capacidad creativa? Por lo general, la gran mayoría de personas cuando oyen hablar de creatividad, lo primero en lo que piensan es en las distintas ramas artísticas o las manualidades y creen que la creatividad sólo es cosa de artistas, pero nada más lejos de la realidad, ya que la creatividad es un término muy amplio y escurridizo que abarca muchos aspectos de nuestra vida y nos concierne a todos, independientemente de nuestra profesión. Por ejemplo, sin creatividad no habría pensamiento, sin creatividad todos seríamos iguales sin diferencia alguna entre nosotros, sin creatividad todas las hojas de un árbol serían idénticas y cada flor que naciera en el mundo sería exactamente igual a las demás. ¿Te habías parado a pensar en todo ello? No habría variedad donde escoger, donde elegir. Realmente, sería un mundo muy monótono y aburrido, ¿no crees?.

Todos necesitamos un poco de ingenio y originalidad de vez en cuando. Hasta en las profesiones más mecánicas y estructuradas como los economistas, matemáticos, banqueros, ingenieros o arquitectos necesitan de inspiración para resolver los problemas que se encuentran día a día a la hora de enseñar, diseñar o relacionarse con otras personas, ya que a veces la respuesta que damos ante cualquier reto, puede ser que no nos sirva para el próximo. Muy a menudo, podemos encontrarnos desafíos que requieran de nuevas respuestas, nuevos métodos o formas de actuar que nos lleven a soluciones alternativas.


Por tanto, podemos decir que los requisitos para ser creativos son los siguientes:

  • Perder el miedo a lo nuevo, a lo desconocido.
  • Mantener una actitud y una mentalidad flexible y curiosa.
  • Estar abiertos al cambio y a tener nuevas experiencias; atreverse a salir de la zona de confort.
  • Perder la rigidez, la inflexibilidad.
  • Adoptar un compromiso con la vida y con nosotros mismos de constante aprendizaje, evolución, crecimiento y expansión.
  • Tener la disposición y el deseo de expresar, comunicar y compartir con el mundo  que nos rodea quién somos en cada momento de nuestra vida, poniendo nuestros dones y talentos al servicio de los demás.

       Si lo pensamos bien, una persona que no sea creativa y no cumpla ninguno de estos requisitos, sería como el agua de un río estancada. Y si se estanca por mucho tiempo y no se mueve, ¿qué le pasaría al agua? Que comenzaría a pudrirse. Y, puesto que nuestro cuerpo está formado por un 70% aproximadamente de agua (que se encuentra en el interior de las células de nuestros órganos, tejidos, músculos y en nuestra sangre), si no hay movimiento, cambio o evolución, comenzamos a “pudrirnos” como el agua. Es decir, vivimos medio muertos, dejamos de vivir la vida con toda intensidad, para sólo sobrevivir o subsistir y ver los días pasar, e incluso llegamos a enfermar.


   Entonces, ahora que ya sabemos lo importante que es la creatividad para todos, niños y adultos, ¿cómo ayudamos a nuestros hijos a expandir su creatividad? Estos son algunos consejos que puedes seguir:


1.   A través del juego: Permite que tu hijo juegue suficiente tiempo a juegos como disfrazarse, hacer construcciones de Lego, con muñecos/as, etc, ya que a través del juego los niños imaginan situaciones, objetos, personajes, inventan historias, experimentan y son felices.
2.  A través de la resolución de problemas: Deja que tu hijo/a haga por sí mismo todo aquello para lo que ya está preparado y permítele cometer errores y aprender de ellos. Por ejemplo, no hagas las tareas escolares por él o ella cuando no sepa hacerlas, ayúdale si lo necesita brindándole tu apoyo y animándole a hacerlo lo mejor que pueda, ya que si le haces las tareas, realmente no le ayudas, sino que tu hijo se sentirá incapaz y creerá que él no puede realizar las cosas por sí sólo, y cuando sea adulto, seguirá muy seguramente sintiéndose incapaz de resolver problemas o enfrentar la vida, buscando siempre a alguien que solucione las cosas por él. Hazle saber que no pasa nada por cometer errores, porque de ellos también aprendemos y con un poco de esfuerzo siempre se encuentra la solución.
3.  Fomenta y satisface su curiosidad al máximo: Procúrale a tus hijos, siempre que sea posible, un ambiente que incremente su curiosidad y que le permita hacer cosas constructivas y positivas. Por ejemplo, puedes organizar salidas al parque, llevarlo a museos, acompañarlo a librerías para que se familiarice con los libros y escoja alguno que le guste; puedes también organizar picnics para pasar el día en familia y en contacto con la naturaleza o puedes viajar con él a otras ciudades y países del mundo…
4. A través de actividades artísticas: Cantar, bailar (sobre todo salsa, danza del vientre o danzas orientales), pintar, dibujar, cocinar, actuar, hacer manualidades, construir cosas, etc. Permite que tu hijo experimente desde temprana edad todo ese amplio abanico de posibilidades que nos ofrece la vida y déjalo que él mismo escoja las actividades que más le gusten o más disfrute.



5.  A través del deporte y el ejercicio: Todos los deportes son buenos, pero sobre todo los de agua son estupendos para aumentar nuestra creatividad, como la natación, la natación sincronizada, bucear en el mar o el descenso de un río. Y, por otra parte, el yoga es un ejercicio excelente para estar más despiertos e ingeniosos.
6. Predica con el ejemplo: Recuerda que los niños aprenden por observación e imitan todo lo que ven y escuchan en el hogar cada día, así que si quieres potenciar la creatividad de tus hijos, no queda de otra que enseñarle a través de tu propio ejemplo y tu forma de vivir la vida; si resuelves los problemas de una manera original, si practicas actividades creativas y si te permites ser feliz siendo tú mismo y llevando una vida con propósito, estarás dando el mejor ejemplo a tus hijos.
7.  Dale libertad para expresar sus ideas, opiniones, gustos y preferencias: Escucha con atención a tu hijo para poder conocerlo mejor, presta atención a cada detalle y siempre que la ocasión lo permita, dale la posibilidad de elegir para que así vaya forjando su propia personalidad y vaya descubriéndose a sí mismo. Ayúdale a encontrar sus talentos, aquello para lo que es bueno y anímalo a desarrollarlos.
8. Fortalece su autoestima: Tener la autoestima alta es imprescindible para que nuestro hijo sea valiente, se valore y se sienta capaz de tomar sus propias decisiones en la medida en que vaya creciendo. Recuerda que para ser creativo hay que perder el miedo a equivocarse, y si tu hijo se siente inseguro y no se valora a sí mismo, no será capaz el día de mañana de lanzarse a la aventura o tomar riesgos necesarios que le lleven a crecer, a madurar y tener una vida exitosa y feliz. Lo mejor que puedes ofrecerle es todo tu amor, tu paciencia infinita y demostrarle tu confianza en sus capacidades.

Estoy segura de que todos estos consejos te servirán de gran ayuda a la hora de fomentar la creatividad de tus chiquitines. Tal y como dicen, la práctica hace al maestro, y justo la práctica es lo que hará la diferencia. ¡Adelante, formemos un mundo de niños creativos, exitosos y felices!


 Neftalí Mercier

viernes, 28 de septiembre de 2018

¿CÓMO LE ENSEÑO VALORES A MI HIJO?



 
                 Puede ser, que en alguna ocasión te hayas visto inmersa en el reto de querer enseñarle a tu hijo algo que tú consideras importante para su vida y su futuro. Quizás has querido enseñarle a no mentir y transmitirle el valor de la sinceridad, o puede ser que hayas querido enseñarle a resolver conflictos sin recurrir a la violencia, para que no pegue a sus hermanos o a sus amiguitos en el colegio. Y entonces llega la gran pregunta,  ¿cómo lo hago?, ¿cómo le enseño valores a mi hijo de forma que él los integre y los viva en su día a día? Hay dos pautas básicas a tener en cuenta a la hora de enseñar valores a nuestros hijos de una forma efectiva: por un lado, EL EJEMPLO PERSONAL, y por otro, EXPLICAR CON CLARIDAD LOS BENEFICIOS O CONSECUENCIAS de actuar de determinada manera.

             Comencemos por la primera, el ejemplo personal. Nosotros, como padres o educadores, necesitamos mostrarle al niño eso que queremos que él aprenda. Es decir, necesitamos ser coherentes e íntegros con nosotros mismos y con nuestro pequeño. ¿Y qué quiere decir exactamente ser íntegro? Quiere decir que nuestras acciones, están en sintonía con nuestros pensamientos y palabras. Vamos a poner un ejemplo, queremos enseñarle a nuestro hijo adolescente el valor de la salud y enseñarle que fumar no le va a traer beneficios, sino que puede afectar a sus pulmones, su rendimiento físico e incluso reduce su economía. En este caso, es fundamental que ninguno de los dos padres fumen, ya que si le decimos que fumar perjudica la salud, pero nosotros fumamos, entonces nuestro hijo recibe dos mensajes contradictorios y se acogerá al que más le convenga en ese momento. Y muy probablemente, si  nosotros como padres fumamos y sus compañeros o amigos también, el chico adolescente que aún está forjando su personalidad y busca encajar en el grupo, tratará de hacer lo mismo que los demás para ser aceptado. Así que, sea el valor que sea que quieras trasmitirle a tu hijo, recuerda siempre SER UN EJEMPLO PARA ÉL.
           
              El otro aspecto a tener en cuenta, es DARLE EXPLICACIONES a nuestro hijo CON AMOR Y PACIENCIA. Explicarle adecuadamente, sin mostrar enojo, sin gritar y sin perder los nervios, que queremos lo mejor para él y queremos que conozca los beneficios y consecuencias de actuar de determinada manera. ¿Y qué pasa si ya le enseñamos con el ejemplo y si ya le hemos explicado los beneficios o las consecuencias de ciertos hábitos o comportamientos y sigue sin hacer caso?
Entonces, dependiendo de la gravedad del asunto y de qué se trate, elegiremos una de estas opciones:


1.      Si la situación sólo le perjudica a él o no es nada grave: Vamos a poner un ejemplo; imaginemos que le hemos pedido a nuestro hijo que limpie su cuarto 2/3 veces por semana y él sólo quiere jugar a los videojuegos, irse con los amigos o escuchar música y no limpia su cuarto nunca. En ese caso, y habiendo seguido los dos pasos previos antes mencionados (enseñar con nuestro ejemplo y explicarle los motivos por los que nos gustaría que limpiara su cuarto, así como los beneficios o ventajas que obtendrá si lo limpia y las desventajas de no limpiarlo), necesitamos dejar que él asuma las consecuencias de sus acciones. Es decir, vivir en un cuarto sucio, con mal olor, con moscas, una cama deshecha, etc. hasta que llegue el momento que él se canse y pida ayuda para limpiarlo o decida limpiarlo él solo. Una cosa muy importante es no estar regañándole continuamente, criticándolo, juzgándolo, etc. (eres un vago, eres un desastre, eres un cochino…). Recuerda la regla de oro,  “no pierdas los nervios bajo ningún concepto”. Deja que tu hijo aprenda por propia experiencia y no hagas las tareas en su lugar, ya que si las haces, él no aprenderá a hacerlas por sí mismo y siempre dependerá de que alguien más las haga por él.


2.      Si la situación se sale fuera de control y tanto él como los del entorno pueden correr algún daño o peligro: En esta situación necesitamos poner límites claros, sanos y amorosos por el bien de nuestro hijo/a y por el bien de los que le rodean (familiares, amigos…). Es decir, el niño en cuestión necesita saber lo que sí se permite y lo que no se permite en absoluto. Necesita conocer el límite que no puede sobrepasar y saber que si lo pasa tendrá que asumir ciertas consecuencias, como castigos en el colegio y/o en casa, tener menos amigos, irse más pronto a la cama, no poder jugar a los videojuegos durante X tiempo, etc. Necesitamos ser claros y firmes con lo que decimos y cumplirlo a rajatabla, pero sin poner castigos excesivos o que luego no vayamos a cumplir. Por ejemplo, imaginemos que nuestro hijo pega a su hermana y a sus compañeros en la escuela, que no sabe relacionarse y lo han echado de clase varias veces por sus comportamientos violentos. Una forma de proceder con nuestro hijo sería la siguiente: Primero, nos sentamos papá y mamá a hablar con él desde la calma y la serenidad (recuerda no perder los nervios, no gritar ni utilizar etiquetas por muy grave que sea el asunto). Le expresamos nuestro disgusto con ese comportamiento, le decimos que a pesar de que lo queremos muchísimo no estamos de acuerdo con su forma de actuar y le preguntamos por qué ha actuado así. Después, le escuchamos con toda atención y guardamos silencio. Dejamos que se exprese y lo escuchamos. Y ahora sí, una vez que él ha terminado de hablar, le explicamos que más allá de lo que haya sucedido, cuando esté enfadado, enojado o furioso, puede liberar su furia de otras maneras menos dañinas para él y para los demás. O si le han pegado a él previamente, en vez de hacer él lo mismo y devolver los golpes puede pedir ayuda a los adultos que le rodean en ese momento en vez de enfrascarse en una pelea. Y le enseñamos nuevas formas de calmarse. Por ejemplo, dando un grito fuerte con un almohadón en la boca, dando puñetazos a un sofá, una cama o cualquier mueble blando que no se rompa y donde él no se haga daño o escribiendo lo sucedido y todo lo que siente en una libreta o diario personal que sea para él mismo. De esta manera, si somos perseverantes con todo el procedimiento y le mostramos nuestro disgusto con ese comportamiento, al ver que no cambiamos de opinión y nos lo tomamos con cierta seriedad, no le quedará otra que cambiar de actitud y de comportamiento, sobre todo cuando vea que sobrepasar los límites sí tiene consecuencias.


            Los niños necesitan desde temprana edad de ciertas normas, rutinas y reglas a seguir en el hogar, de esta forma facilitamos que se sientan guiados, seguros y protegidos y evitamos que se conviertan en adultos que siempre crean que tienen la razón y el mundo entero está equivocado, o que siempre se tienen que hacer las cosas como ellos dicen. Estableciendo límites desde temprana edad nos resultará mucho más fácil poder enseñarles cualquier valor a nuestros hijos.

    Por último, y a modo de complemento, siempre podemos recurrir a películas y/o cuentos infantiles que transmitan valores a través de sus historias e imágenes. Además de ser un recurso estupendo para la transmisión de valores de una forma agradable, también son la excusa perfecta para pasar más tiempo junto a nuestros hijos y permitirles que se expresen, que den sus opiniones al respecto, para reflexionar y dialogar juntos.

   Y recuerda, como padres estamos ahí para guiarlos y apoyarlos en lo que necesiten, para enseñarles aquello que creemos que es lo mejor para ellos, pero también es importante que les demostremos nuestra confianza según van creciendo cada vez más y que les demos alas, para que puedan convertirse el día de mañana en adultos seguros de sí mismos, autónomos y que no dependan de nadie. Necesitamos darles la opción de equivocarse de vez en cuando, darles la libertad de escoger, para que puedan aprender a través de la experiencia. Si conseguimos bajar la autoexigencia propia hacia nosotros mismos, también podremos ser más flexibles, tolerantes y compasivos con nuestros hijos y así ya les enseñamos a través del ejemplo que no hace falta ser perfectos en esta vida, que no pasa nada por cometer pequeños errores de vez en cuando y que lo más importante es relajarse y disfrutar la vida. ¡Enséñales cómo ser felices!

¿HACIA DÓNDE GUIAR A NUESTROS HIJOS?

              Existen tres valores clave para poder guiar y orientar adecuadamente a nuestros hijos a la hora de tomar decisione...